No se declara abiertamente escritor porque huye de las etiquetas y mucho más de aquellas que representan la obra y arte de hombres que con sus letras maravillaron al mundo. Pero en cada frase o en cada texto deja algo de sí mismo y no escatima en representar nuestros desenlaces con palabras que se pueden sentir e incluso respirar. Satírico o romántico al escribir, se ve a sí mismo —sentado ante un teclado— como los extremos de una realidad: “escribes como vives o vives como escribes”. Ha soñado durante años con llevar sus ideas lo más lejos posible, sin la vanidad del triunfo, pero con la constancia que mejor se puede redactar.

 

Administrador financiero de profesión y pésimo para llevar las cuentas del amor. Escribe desde su juventud e inicia con poemas llenos de candor y tristeza, por el amor esquivo hasta entonces. Su estilo es incierto aún y repasa la narración detallada de momentos sensibles, con escritos que van desde lo erótico hasta describir planes fallidos o logros sin premio; en fin, un caudal de letras antecedidas por cualquier minúsculo sentimiento. Orgullosamente colombiano y de costumbres con acento barranquillero. Se ha hecho a sí mismo, buscando con sus letras motivar, entender, mejorar o equivocarse según sea el caso; recalcando que lo anterior no es un ejercicio fácil, pues obliga a desalojar los egos y dar cabida a la culta y siempre infalible “humildad”. Amante con imprecisa puntería, quien deja a Dios el futuro de sus cariños, mientras les dice a pocos con sus frases “lo que ya saben y creen ignorar”.

Te propongo que sigas apoyándome en esta noble causa. Por el amor y los momentos felices, el desamor y aquellos ratos solos.